Paradójicamente, el padre de Blancafort no quería que su hijo llevara más lejos su creciente afición por la música, entre otras cosas porque temía que esto le apartaría del trabajo en la fábrica. La amistad con Frederic Mompou -que también pasaba largas temporadas en el balneario- fue decisiva para que el joven Manuel continuara con su carrera musical. Mompou actuaba de hermano mayor, le aconsejaba y le animaba a mantener su vocación. Le mostró las innovaciones en materia musical procedentes de París (de donde él procedía) y le facilitó el contacto con el editor parisino Sénart, que se haría cargo de sus primeras obras. La complicidad de los dos jóvenes es total: comparten una especie de "santuario" (una pequeña habitación dentro del balneario que llaman “la Ermita”), donde hablan, intercambian ideas y proyectos y donde tocan las últimas composiciones. Los dos amigos incluso comparten rasgos de carácter que se reflejan en sus primeras obras: tendencia a la melancolía, recuerdos de infancia y amor por la naturaleza. La amistad entre los dos compositores generó una rica correspondencia e incluso una obra escrita en común (“L'hora grisa”, con música de Mompou y letra de Blancafort).