La primera época de la producción musical de Blancafort, desde el inicio de su carrera hasta la Guerra Civil, coincidió con la eclosión del impresionismo francés, que se oponía al wagnerismo y nacionalismo entonces imperantes, y que habían gobernado la estética de los compositores catalanes de principios del siglo XX. Blancafort y sus compañeros "rupturistas" de generación (Frederic Mompou, Robert Gerhard y Eduard Toldrà, entre otros) abrazaron de inmediato las ideas y la sensibilidad de compositores vanguardistas como Debussy o Ravel, y del denominado "Grupo de los Seis", entre los que figuraban músicos como Milhaud, Poulenc o Honneger.
En una entrevista a Josep Maria Planas publicada en el diario “La Noche”, con motivo del estreno de “Matí de festa a Puiggraciós”, Blancafort afirma: “Huir de Wagner es, en mi opinión, el primero de los mandamientos que sería preciso imponer a la nueva música catalana [...] Somos unos cuantos en Catalunya que nos decantamos más bien hacia París que hacia Berlín. Nuestra música tiene que ser algo más que una sardana y una canción popular, tiene que hablar de cosas catalanas en un lenguaje europeo”.